Llamada
por el presidente de la Cámara de los diputados, Joao Paulo Cunha, la policía
militarizada ocupó el martes pasado las dependencias de la Casa y con
violencia detuvo a un manifestante.
Según el
diputado Joao Paulo, la tropa de choque, armada, fue convocada para contener
a los ánimos de los servidores públicos que protestaban en contra a la neoliberal
reforma del sistema de la Seguridad Social, la cual le quitará a
los trabajadores derechos duramente conquistados.
Este
diputado, electo por un partido dicho “de los Trabalhadores”,
ha producido, bajo verguenza, una situación que ni los generales y
otros personajes de triste recuerdo lograron producir. La dicha “Casa
del Pueblo” fue vilipendiada, estuprada y pisada por botas
militares, barras de goma, bombas y armas. Todo ese teatro macabro fue montado
para se evitar que los trabajadores que pagan sus impuestos (y los conforts y
sueldos de los que recurrem a la fuerza) protestaran contra los miembros
de la Comisión Especial que, como sumisos a intereses de banqueros, aprobaban
integralmente el informe de la reforma de la Seguridad Social. El
FMI y nuestros patrones de otras Américas seguro aplaudiron a la decisión
de se tomar militarmente el Congreso y la aprobación del informe.
Para
cualquier demócrata, las actitudes que han sido tomadas por el gobierno
Lula son de dar verguenza y de llenar todo un pueblo de
desesperanza.
Hombres
que en otras épocas promocionaban manifestaciones en contra el autoritarismo y
contra las arbitrariedades las que históricamente estamos todos sometidos
hace siglos, ahora llaman a la policía militar y se defienden con armas
para contener protestas legítimas de un pueblo también armado, pero solamente
de paciencia. Hombres que antes del traje, de la corbata y de los
palacios, se decian demócratas, ahora recurren a las fuerzas represivas,
pero no sin antes prometer soños y utopias en cambio de votos.
Es importante que estos señores entiendan que la democracia representativa solamente representa a la burguesia mas retrograda y a la parcela que no pretiende que ninguna estrutura sea cambiada en favor de los que realmente sostienen ese país tan cruel. La única manera de los trabajadores se haceren escuchados es a través de las manifestaciones y movilizaciones populares y autónomas. Las mismas que hace años, Lula y Joao Paulo, entre otros, aplaudian entusiasmados hoprócritamente.